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En estos días se está llevando a cabo un zafarrancho de limpieza en el Barrio de El Toscal, que se prolongará hasta el próximo 21 de diciembre. Si no recuerdo mal, las mismas operaciones de limpieza también se realizaron el año pasado en distintos barrios del municipio de Santa Cruz, incluido el nuestro.

El último estudio realizado en abril de este año por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre la gestión de residuos urbanos y la limpieza de calles y jardines desvela que la satisfacción de los vecinos de Santa Cruz de Tenerife en cuanto a la gestión de su ciudad ha empeorado. De hecho, la capital no se sitúa, de acuerdo con las conclusiones de esta investigación, entre las más limpias de España (Diario de Avisos de13 de octubre de 2011).

Quiero hacer llegar a esta página web mi opinión sobre el estado en el que se encuentra nuestro barrio, sobre todo en lo que a limpieza se refiere. Es una auténtica vergüenza ver como día a día, en los mismos lugares y desde primera hora de la mañana, las aceras se encuentran sucias, mayoritariamente por los excrementos de los perros que son sacados por sus dueños a pasear porque dichos animales tienen que hacer sus necesidades y, aparentemente, no lo pueden hacer en las casas donde viven. Afortunadamente son menos los vecinos que actúan de esta forma que los que lo hacen cívica y respetuosamente.

Siempre he pensado que las calles son como los pasillos de nuestras casas, una gran casa con muchos pasillos. Y entonces me pregunto ¿si en nuestra casa no permitimos que nuestros animales hagan sus necesidades porque ensucian los pisos y queda mal olor, por qué razón cuando los sacamos a la calle hacemos justo lo contrario? ¿Será porque en casa las tenemos que recoger y limpiar nosotros y en la calle lo hacen los operarios municipales? Señores, si fuésemos cívicos, responsables, considerados y sólo nos esforzásemos un poco (que es lo que realmente cuesta), el dinero que ha invertido y sigue invirtiendo el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en estas campañas de limpieza, se podría invertir en otras labores que incidirían positivamente en nosotros, los ciudadanos: mantenimiento y reposición de jardines, restablecimiento de muros y paredes pintadas con graffitis y similares, mantenimiento y/o reposición de mobiliario urbano, … Hay quién dice ¿entonces para qué están los barrenderos? Pues bien, si fuésemos medianamente cívicos y consecuentes, tendríamos presente que el Ayuntamiento en lugar de tener, por ejemplo, 20 barrenderos limpiando las basuras que otros tiran al suelo de las calles, ignorando la existencia de papeleras y contendores, podría necesitar sólo 10. Hay que tener en cuenta que en los tiempos de crisis en los que estamos inmersos no hay dinero en la arcas municipales para contratar más personal. También hay que tener presente que el dinero que invierte el Ayuntamiento proviene de nuestros impuestos, con lo que habría que reflexionar sobre ello.

Añadir por último que, según un reciente artículo titulado “Las urbes más sucias de España” publicado en el periódico el Mundo, “entre el 10 y el 20% de la población española tiene perros en casa. Sus excrementos representan el 0,06% de los residuos de una ciudad y llegan a implicar riesgos sanitarios (transmisión de enfermedades). El precio de la recogida es muy elevado: retirar 1 kilo de cacas de perro le cuesta a un ayuntamiento 6,50 euros”… “El peligro de las colillas es que tardan mucho tiempo en descomponerse. Los ayuntamientos intentan, por todos los medios, que no lleguen a la red de alcantarillado para que no contaminen el agua que luego han de reciclar … “Los chicles dejan cerco porque en su composición llevan aceites. La marca de la goma de mascar sólo se quita con la ayuda de unas pistolas de agua hirviendo o mediante disolvente y vapor de agua a 120 grados. Pero éstas gastan más de 1.200 litros a la hora” y “Las bebidas azucaradas son un producto especialmente dañino cuando cae en las juntas de las baldosas, donde la porquería se acumula con más frecuencia. El azúcar de los refrescos sólo desaparece mediante disolventes muy caros”.

 

Una vecina de la calle San Francisco Javier.